Paso a transcribir un fragmento (la última parte) de un artículo que merece mucho la pena del periodista y escritor Ryszard Kapuscinski, premio Nobel. Habla del mestizaje, de la globalización, y de la creciente reivindicación de identidad y autogobierno que realizan las numerosas comunidades que pueblan el planeta (las negritas las he puesto yo).
El encuentro con el Otro
por Ryszard Kapuscinski
Letra Internacional nº 94, Primavera 2007
Hoy, escuelas enteras de crítica filosófica, antropológica y literaria se ocupan, sobre todo, de la hibridación y la vinculación. Este proceso cultural está en marcha especialmente en aquellas regiones en que las fronteras de los Estados también deslindan culturas diferentes (por ejemplo, la frontera entre Estados Unidos y México) y en las megalópolis cuyas poblaciones representan las más diversas culturas y razas (como Sao Paulo, Nueva York o Singapur). Decimos que el mundo se ha vuelto multiétnico y multicultural, no porque haya más comunidades y culturas de ese tipo que antes, sino más bien porque expresan con mayor energía y arrogancia, y en voz más alta, su exigencia de ser aceptadas, reconocidas y admitidas en la mesa redonda de las naciones.
Sin embargo, el verdadero desafío de nuestro tiempo, el encuentro con el nuevo Otro, también deriva de un contexto histórico más amplio. En la segunda mitad del siglo XX, dos tercios de la humanidad se liberaron de la dependencia colonial para convertirse en ciudadanos de sus propios Estados que, nominalmente al menos, eran independientes. De forma gradual, estos pueblos comienzan a redescubrir su pasado, sus mitos y leyendas, sus raíces, sus sentimientos de identidad y, por supuesto, el orgullo que eso genera. Empiezan a percatarse de que son los amos de su propia casa y los capitanes de su destino. Y miran con aborrecimiento cualquier tentativa de reducirlos a cosas, a figurantes, a víctimas y objetos pasivos de una dominación.
Durante siglos, nuestro planeta estuvo habitado por un pequeño grupo de gente libre y grandes multitudes esclavizadas. Ahora, lo colman cada vez más naciones y sociedades con un sentimiento creciente de su valor e importancia individuales. A menudo, este proceso ocurre en medio de enormes dificultades, conflictos, dramas y pérdidas.
Quizás estemos avanzando hacia un mundo tan absolutamente nuevo y transformado, que nuestra experiencia histórica no bastará para comprenderlo y movernos en él. En todo caso, el mundo en el que entramos es el Planeta de las Grandes Oportunidades. Pero éstas no son incondicionales; más bien, están abiertas únicamente a quienes tomen en serio su trabajo y, así, demuestren que se toman en serio a sí mismos. Es un mundo con muchas ofertas potenciales, pero también con muchas exigencias, y en el que, a menudo, los atajos fáciles no llevan a ninguna parte.
Nos toparemos constantemente con el nuevo Otro que, poco a poco, irá emergiendo del caos y el tumulto actuales. Este nuevo Otro podría surgir del encuentro de dos corrientes contradictorias que modelan la cultura del mundo contemporáneo: la globalización de nuestra realidad y la conservación de nuestra diversidad y singularidad. Tal vez, el Otro sea el hijo y heredero de estas dos corrientes.
Deberíamos buscar el diálogo y el entendimiento con el nuevo Otro. Los años vividos entre pueblos remotos me enseñaron que la bondad hacia el prójimo es la única actitud que puede tocar el punto sensible, humano, del Otro. ¿Quién será este nuevo Otro? ¿Cómo será nuestro encuentro con él? ¿Qué diremos y en qué idioma? ¿Podremos escucharnos mutuamente? ¿Podremos comprendernos?
Me pregunto si tanto nosotros como el Otro desearemos apelar (y aquí cito a Conrad) a aquello que "habla a nuestra capacidad de deleite y asombro; a la sensación de misterio que rodea nuestra vida; a nuestro sentimiento de piedad, belleza y dolor; al sentimiento latente de confraternidad con toda la Creación. Y a la convicción, sutil pero invencible, de una solidaridad que entrelaza la soledad de innumerables corazones: la solidaridad en los sueños, la alegría, la pena, las ambiciones, las ilusiones, la esperanza, el miedo. La que une a los hombres y a toda la humanidad: los muertos a los vivos y los vivos a los que están aún por nacer".
© Ryszard Kapuscinski/Nobel Laureates Plus y LANACION
jueves, 25 de septiembre de 2008
EL ENCUENTRO CON EL (NUEVO) OTRO
Etiquetas:
confraternidad,
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