Paso a transcribiros (las negritas son mías) un artículo que he encontrado en una página muy interesante, de una publicación que se llama "CRISIS" que da voz a grupos del movimiento por un nuevo sistema de vida y de organización mundial. Está claro que el sistema actual es abiertamente criminal, donde, cada vez más, una inmensa mayoría de personas es oprimida y explotada por una minoría hiperpoderosa que promueve un sistema donde la felicidad y el bienestar personal, familiar y social se hace cada vez más difícil de obtener. Os paso también el link para acceder a esta página.
http://polaris.moviments.net:8000/es/crisis
Decrecimiento no es recesión. La propuesta del decrecimiento no tiene a ver con lo que puede pasar con la crisis económica de la actualidad. Tal y como afirma el dicho no hay nada peor que una sociedad de crecimiento sin crecimiento. Así pues, el movimiento por el decrecimiento, no propone la reducción del PIB, sino, un cambio de sistema. Decrecimiento no tiene porqué ser una idea negativa: igual que cuando un rio se desborda todos deseamos que decrezca y las aguas vuelvan a su caudal, lo mismo pasa con la insostenibilidad de la situación actual. Decrecer no es entonces una cosa negativa, sino algo necesario.El decrecimiento denuncia el mito del crecimiento, y propone salir de los parámetros del productivismo, del consumismo y al fin y al cabo salir del sistema capitalista. Para hacerlo nos propone relocalizar las maneras de vivir.El decrecimiento consiste en abandonar el proceso de globalización económica y relocalizar la economía, es decir la producción y el consumo, y con ellas reducir el transporte. Para hacerlo hace falta relocalizar la política y así conseguiremos que vuelva a ser controlada por la gente. Relocalizar la política, significa por ejemplo que los niveles de soberanía vayan de abajo arriba, de manera que todo lo que se pueda decidir a nivel municipal no se decida en niveles superiores y sólo aquello que afecte a todo el país se decida en este nivel. Vivir así, nos permitiría liberarnos del poder de las empresas transnacionales y los poderes económicos mundiales.
Esta transición hacia lo local, se tendría que llevar a la práctica acompañada con una reducción radical del consumo que pudiese causar por tanto una reducción de la producción y de los transportes. Aquello que se considere necesario, se debería ir produciendo cada vez más sobre principios ecológicos y cerrando los ciclos de las materias utilizadas. La reducción del consumo, promocionado desde hace décadas por una publicidad que se tendría que parar, necesita un cambio cultural importante en el que paulatinamente las personas dejamos de basar nuestro bienestar en las propiedades y el consumo de bienes materiales y valoramos mucho más los bienes relacionales como son por ejemplo las relaciones humanas. Y una de las claves para aplicar estos cambios económicos, políticos y culturales es rehacer la comunidad como elemento básico que permita poner en marcha nuevas formas de convivencia, en las que salgamos del individualismo que ha predominado en los últimos años, aprendamos a cooperar entre vecinos y vecinas para ayudarnos los unos a los otros en nuestras necesidades y evolucionando así hacia una autonomía comunitaria del estado y del mercado para resolver las cosas del día a día. Estas ideas tienen mucho en común con el imaginario social que está llevando cada vez a más personas a sacar adelante alternativas colectivas como todas las que hemos presentado antes, así como con muchas de las reivindicaciones que explicábamos de movilizaciones y luchas sociales, de manera que la palabra decrecimiento se ha convertido en un excelente paraguas común, para que todas estas iniciativas puedan ir confluyendo en un movimiento social cada vez más fuerte y diverso. De hecho, y tal como hemos explicado en las páginas sobre la crisis energética y alimentaria, el decrecimiento, ecológicamente hablando, vendrá igualmente, por la falta de recursos minerales y naturales suficientes para mantener este ritmo de consumo que hay en nuestro planeta, de nosotros depende que el decrecimiento llegue a la fuerza, impuesto desde los poderes económicos, cuando no queden suficientes recursos para que las clases medias occidentales continúen viviendo como hasta ahora, o el decrecimiento lo podemos poner en marcha nosotros aprendiendo colectivamente a vivir de otra manera a la vez que tratamos de impedir que unas minorías poderosas se lleven las riquezas que pertenecen a toda la humanidad, amenazando la vida del resto de habitantes del planeta.
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