Si me pongo a pensar sobre qué tipo de organización de la sociedad me parecería lógica y adecuada a la salud física y mental de las personas, en qué tipo de sociedad me gustaría vivir, se me ocurre que sería más o menos así:
# Una sociedad donde no hiciera falta trabajar más de 4/5 horas diarias de lunes a viernes para obtener lo necesario para sostener la vida (casa, calor, comida, ropa...).
# Donde el resto del tiempo uno lo pudiese ocupar libremente en las relaciones familiares, de amistad, amorosas, cultivando actividades creativas, etc.
# Una sociedad donde el valor fundamental no fuese el "beneficio económico", sino el beneficio para el bienestar de las personas y para el cuidado del medio ambiente natural.
# Una sociedad donde estuviese penalizado enriquecerse a costa de perjudicar a otras personas o al medio ambiente.
Con estas cuatro cosas ya sería un mundo radicalmente diferente al mundo en el que vivimos. Cada vez es más complicado vivir atendiendo de forma razonable a nuestras relaciones familiares, de amistad, amorosas, a nuestra relación con nosotros mismos, para el descanso, para compartir, para la creatividad y el placer. Y esto repercute en una dificultad para sentirnos felices, satisfechos y realizados como seres humanos. Cada vez hace falta más dinero para tener lo básico, y cada vez hay que trabajar más horas para obtenerlo. La promesa que hacía la industrialización de que las máquinas trabajarían y los seres humanos dispondrían de más tiempo para el ocio se ha invertido. En lugar de poner las máquinas al servicio del ser humano, el ser humano es cada vez más una pieza anónima al servicio de la producción de objetos, de servicios, de información. Esta sociedad produce por producir, no para satisfacer unas necesidades reales de las personas. La insatisfacción generalizada revierte en actos de consumo, tratando de encontrar una satisfacción que se escabulle constantemente. La sociedad entera está al servicio de la producción, y la producción al servicio de los beneficios económicos de unos pocos. Y la vida de las personas es lo que se sacrifica al servicio de esta producción. Quizás sólo haría falta un 15 o un 20% de la actividad económica actual para satisfacer las necesidades reales de las personas, lo que quitaría mucha presión sobre su tiempo, sobre su energía y sobre la naturaleza.
Como sociedad tendríamos que preguntarnos ¿qué necesitamos?, y organizarnos colectivamente para obtener estas cosas que necesitamos. Pero claro, aterrizamos en un mundo donde para tener una casa en qué vivir (un "derecho básico de la persona" según la Constitución -já, já-) tenemos que entregar el fruto íntegro del trabajo de entre 15 y 20 años de nuestra vida. En culturas tradicionales la casa la construía la familia con elementos extraídos de la naturaleza, o la construía la comunidad, reunida durante unos días para proporcionar la vivienda a una nueva pareja. Sin ir tan lejos, hace 15 años yo pagaba 10.000 pesetas/mes por un piso de 100 metros cuadrados en Barcelona. Una vivienda es lo mínimo que una comunidad tendría que entregar a una persona que ha nacido en su seno para que desarrolle su vida. ¿Cómo puede ser que un derecho tan básico se haya convertido en algo casi inaccesible para tantas y tantas personas? Pero claro, una sociedad presionada por las exigencias económicas de la vivienda también es una sociedad que necesita trabajar aceptando cualquier condición, pues a la vuelta de la esquina acecha la indigencia. Es una sociedad donde las personas tienen poco tiempo para reflexionar, para explorar alternativas creativas a su vida, para asociarse, rebelarse y producir cambios.
¿Cuántas personas se adherirían a los cuatro puntos que he presentado al comienzo de este artículo? Quizás sería una mayoría de nuestra sociedad. Y si esto fuera así ¿Quién construye la sociedad que somos todos? ¿Porqué cada vez ésta se aleja más de nuestros verdaderos deseos y necesidades? ¿Qué podemos hacer para cambiar esta situación?
A parte de propiciar una toma de conciencia y un acuerdo colectivo cada vez más amplio sobre estos hechos, a mí lo único que se me ocurre que se puede hacer de manera individual e inmediata y que revertiría en cambios necesariamente es reducir el consumo individual. Hacer una reflexión individual y familiar sobre cuáles son las verdaderas necesidades, buscando formas de satisfacerlas que impliquen el menor gasto de dinero. Hacernos conscientes de todo el dinero que gastamos en impulsos de consumo que, si lo miramos bien, resultan superfluos. Las necesidades materiales, si no nos dejamos seducir por las voces de sirena que nos incitan al consumo, realmente son pequeñas. Nos nutren mucho más las relaciones, el afecto, la comunicación, la creatividad ¿Será por esto que cada vez este mundo que tratan de ordenar los poderosos a su gusto, nos hace estas satisfacciones menos accesibles? La ley por la que se rige esta sociedad cada vez más es "toda satisfacción de una necesidad tiene que pasar por el pago de una cantidad de dinero". El "monstruo" nos inserta sus tentáculos y se va nutriendo de nuestra sangre. Busquemos dedicar cada vez más recursos y más tiempo a las relaciones, el afecto, la comunicación, la creatividad... Cada vez que gastamos dinero a cambio de algo superfluo estamos entregando nuestra vida y nuestra sangre. Y esa vida y esa sangre van a alimentar el "monstruo" que entre todos estamos creando.
Alguien va a contestar: "pero claro, si muchos hiciéramos eso, muchas empresas cerrarían, muchas personas se quedarían sin trabajo". Eso sin duda sería así, pero es que la transformación que el mundo necesita pasa por una reevaluación de las necesidades y por una reducción de la actividad productiva, que roba la vida de las personas y está destruyendo el planeta en el que vivimos. Cuando el paro llegase al 50% (y mucho antes que eso), ya no sería un problema individual, sería un problema de la sociedad en general, y habría que generar nuevas formas de organizarse. Tal y cómo nos organizamos ahora no funciona, ni para la felicidad personal, ni para la salud social, ni para el mantenimiento del medio ambiente. Haciendo inviable esta forma de organización hacemos posible que surja una organización nueva.
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