lunes, 14 de julio de 2008

LOS MEDIOS SON REYES, LOS FINES MENDIGOS

Una de las sinrazones más generalizadas en que vive nuestra sociedad es el culto al desarrollo de los medios, sin una reflexión previa sobre los fines que se pretenden conseguir. La lógica del consumo exige ir creando cada vez nuevos modelos de todo tipo de objetos, que incorporen "mejoras", así como nuevos productos para "hacer nuestra vida más fácil", de manera que aquello que tenemos quede "obsoleto" y tengamos que sustituirlo por algo "mejor", a costa de desembolsar nuestro dinero, inyectándolo en las venas del sistema. Pero ¿realmente necesitamos un coche que aparque sólo? ¿necesitamos poder ver la televisión en la pantalla de nuestro móvil? ¿necesitamos que la pantalla de nuestro televisor nos proporcione una imagen cada vez más y más nítida? ¿necesitamos que nuestro ordenador tenga 2 gigas de memoria ram? ¿necesitamos poder comunicarnos por ordenador con nuestro frigorífico? ¿nos estamos volviendo todos gilipollas?. Una gran parte de la energía del sistema productivo (es decir de la energía y el tiempo de las personas que lo integran, es decir, de nuestra propia vida y de nuestra propia sangre) es invertida en generar este tipo de mejoras en millones y millones de artículos. Los medios se mejoran constantemente a costa de una inversión colosal de "vida humana", pero ¿qué fines perseguimos? ¿ser más felices? ¿disponer de más tiempo para la conversación, para la amistad, para la creatividad, para el amor, para el cuidado de los niños y los mayores, para el placer, para el descanso, para la fiesta, para la música, para el baile, para la contemplación?
Si de mí dependiera pararía ahora mismo toda la actividad que en el mundo está destinada a mejorar tecnológicamente cualquier cosa. Ni un gramo de vida y sangre humana invertida en mejorar más la tecnología. Con el conocimiento tecnológico y el dominio de lo material de que disponemos ahora mismo como sociedad, tenemos más que suficiente para generar una forma de vida digna y feliz sobre el planeta. Si toda la energía y tiempo que invertimos en seguir "mejorando" las máquinas y los objetos, y creando nuevos productos lo invirtiéramos en usar las cosas que ya somos capaces de hacer de forma más racional, con menos impacto en el medio ambiente y en la vida de las personas, y en generar maneras de compartirlas, el mundo podría cambiar rápidamente. Un ejemplo sencillo pero potente es la creación del "bicing" en Barcelona, donde unas pocas bicicletas de propiedad pública son compartidas por miles de ciudadanos a cambio de una pequeña cuota. Claro que esto supondría que las personas que detentan los grandes capitales mundiales dejarían de percibir muchos beneficios. Esto supondría poner la maquinaria económica e industrial al servicio de la sociedad, al servicio de una mejor vida para una mayoría, en lugar de una mejor vida para una minoría, en detrimento de los demás. Pero es que esto es la clave, aún hoy, del juego que se juega sobre el planeta ¿la sociedad está orientada a crear una mejor vida para una mayoría de personas? ¿o bien está orientada a crear unos beneficios económicos astronómicos para una minoría, a costa de poner presión y control sobre las vidas de los ciudadanos individuales (altas hipotecas, bajos salarios, las 65 horas semanales que estudia la comunidad europea, como ejemplos muy básicos y nada sutiles, millones de personas en la miseria y la inanición como crimen de genocidio del que los grandes poderes son flagrantemente culpables) y de destruir salvajemente la naturaleza, que nos pertenece a todos.
A nivel individual cada uno de nosotros puede hacer esta reflexión ¿esta nueva cosa que me propongo comprar, va a aportar una diferencia significativa en cuanto a la satisfacción de mis necesidades? ¿es un medio que necesito para la consecución de mis fines? ¿o voy a comprarlo medio dormido, encantado por el canto de las sirenas que nos induce desde todo lado a "mejorar" nuestra vida adquiriendo el nuevo modelo de móvil, de televisión, de zapato, de viaje, etc., etc.)? Cada vez que gastamos dinero, gastamos nuestra energía y nuestro tiempo, gastamos nuestra sangre y nuestra vida. Y gastar algo tan esencial en vano me parece ciertamente triste.

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